Hoy voy a llorarme... más.

Hoy voy a llorarme porque me toca. Voy a hacer un esquema sencillo de la situación:

-Trabajamos de turno partido, tengo unas dos horas para ir a casa comer, pasear a mi perra y volver al tajo. Nos pareció, en algún momento de nuestra no-vida, que mudarnos a la periferia de nuestra ciudad, nos daría un poco de aire, de tranquilidad, quizás incluso nos ahorraríamos un dinerito.

Considero que en este esquema, se exponen todos los puntos tocante a nuestro día a día: Trabajar todo el día/ pequeña mascota/ medir con lupa los gastos para vivir dentro de unos márgenes básicos de dignidad, teniendo en cuenta la extensas jornadas laborales. ¡Qué sé yo! Creo que es más o menos lo típico y tópico.

Pues se ve que era mucho pedir. No buscábamos grandes lujos, sólo un sitio donde estar tranquilos los fines de semana y dormir escuchando grillos y la brisa marina que sube de la playa cercana.
He de decir, antes de empezar la llorada, que el barrio como conjunto, no tiene la culpa de nada, porque en general son bastante tranquilos y normales. Creo que tuvimos mucha suerte de encontrar un piso "en condiciones" que además aceptaran a nuestra Yoko, que es muy tranquila, pero que nos supone un problema a la hora de buscar alquileres. Quien tiene mascota sabe de qué hablo. 
El primer año, fue todo como la seda, nos compensaba incluso ese poco de tiempo en desplazarnos, ese poco rato de más que la guagua pasa tarde alguna noche, ese poco de más porque hay colas después de las lluvias, ese poco de más de alquiler. Nos compensaba incluso tener que hacer los cuatro viajes al día para sacar a Yoko, porque obviamente, a un perro se le atiende debidamente y si no no lo tengas. Nosotros lo hacíamos con mucho gusto.

Todo parecía ir bien, hasta que desde hace unos meses aparecieron esos seres que habitan la planta baja a los que yo mento cariñosamente como "PutosQuinquisdeMMMMierda". Todo empezó con una serie de maullidos de angustia que se escuchaban de noche y de día. Descubrimos pasados los días, que esa gente se iba de la casa semanas enteras y dejaban gatos encerrados en una solana, que es básicamente una habitación de unos dos metros cuadrados y cuya ventana da a la parte trasera del edificio por donde se asomaban los pobres animalitos intentando escapar de ese infierno. Nos enteramos por diferentes personas, que ya veían el caso como espectáculo cruel y por desgracia habitual. 
Mi pareja y yo, que lo mismo tenemos eso que la gente llama "carácter" cuando en realidad quieren decir mala hostia, llamamos a una protectora de la isla para pedir consejo, nos recomendaron llamar a la Policía y dar parte, puesto que al tratarse de una casa particular, aunque era un claro caso de abandono, es propiedad privada y tenemos que intentar localizar primero a esa persona o averiguar qué está ocurriendo. Al par de días de llamar al propietario de nuestro piso y que el gestor del mismo intentara mediar para pedir un poco de orden con el asunto, empezamos a ver luz en la vivienda y respiramos tranquilos, aunque la situación se repitió en un par de ocasiones más y era un poco abrumador escuchar a un animal tan desesperado y no poder hacer nada. A esta alturas yo ya pensaba, ¿Pero que coño está ocurriendo?
Olvidado ese asunto, al poco tiempo, los mininos dieron paso a grupos de adolescentes fiesteros y desde entonces las fiestas nocturnas y los días enteros de reggaeton se sucedieron día tras día tras día. Yo me imagino que tras ese sonido de gritos, de congas a las tres de la mañana y del chumba chumba que retumba en mi piso, se ocultan charlas sobre Existencialismo, debates literarios, Noam Chomsky, ¡Y me lo estoy perdiendo!
En definitiva, que la hora y media que tengo desde que llego a casa, almuerzo, saco a Yoko e intento meterle un empujón al libro que me esté leyendo, mirar al techo y pensar en nada, charlar sobre cualquier nimiedad o no, se ha convertido en una tortura que ha conseguido que todo me parezca horrible. Ya sólo pienso que el piso no está tan bien, que pierdo mucho tiempo en ir y volver, que los horarios de la guagua son imprecisos, que el fulano del piso lleva arreglando el portero desde que llegamos y aún no lo ha hecho, que le hemos arreglado cosas que se lo limpiamos y cuidamos y hay que ver que le pagamos puntualmente cada mes, que el barrio últimamente parece más feo y más sucio  y entras en lo que llama mi pareja "modo quejido", que es un cabreo sordo que no me lleva a nada.
Yo que estoy empezando el año  leyendo como Elizabeth Gilbert enumera los motivos por los que ser creativo es algo fantástico, que saques tu magia y que dejes de quejarte... ¡Ay Liz! Si tu supieras que no he podido ni terminarme tu libro porque Maluma no me deja.
Sigo pensando que el Marqués de Sade tenía mucha razón y que eso de ver triunfar la virtud sobre el vicio, al menos en esta vida... como que no, pero que si además los dejas que te minen la moral, ya sólo te queda amochar y dejar paso a otro que lo haga mejor en el mundo.
Escribo todo esto en pasado no sé por qué. Lo cierto es que lo hago a sabiendas de que cuando llegue a casa, me espera esa bazofia acústica, lo cual dice mucho del aguante que tengo... pero que son unos QuinquisdeMmmierda, eso lo escribo aquí y me quedo bien a gusto.
Por cierto, nos mudaremos desde que encontremos algo.



Y otro por cierto, la gente menos cívica y más irrespetuosa con la que nos hemos encontrado en nuestras andanzas por alquileres aquí y acullá, no tienen mascotas... Ahí lo dejo.

2 comentarios:

  1. :((

    Me apena oír eso. Lau y yo hemos tenido la suerte de caer en un edificio céntrico de vecinos prácticamente inexistentes (porque ni se les oye... Y no nos oyen a nosotros, lo cual es bastante importante).

    Mucha suerte <3

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    1. Es que lo normal es lo que les pasa a ustedes, que te enteras de que hay gente porque te los tropiezas en el ascensor y poco más! XD Por suerte en lo que estamos buscando otro sitio, casi no se les ha escuchado... pero nos vamos igual!! :D

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